Tradicionalmente, la formación del traductor ha venido siendo (y es) eminentemente lingüística. La gran mayoría nos hemos considerado gentes 'de letras' y, por lo tanto, hasta cierto punto ajenas a las cuestiones técnicas; pero tarde o temprano comprobamos (algunos con más agobio que otros) cómo debemos enfrentarnos a cuestiones aparentemente tan lejanas a nuestra área principal de conocimiento como expresiones del tipo «licencia Apache», «bifurcación», «computación en la nube» o «app»; los formatos de los documentos según su finalidad y soporte; los métodos de envío de archivos; el manejo avanzado y la actualización regular de sistemas de ofimática; la traducción asistida e incluso la gestión de proyectos o saber de cuántos bits es nuestro sistema operativo.

Punto y coma. Boletín de los traductores españoles de las instituciones de la Unión Europea, online


Aspiramos a ser lo que auténticamente somos, pero a medida que creemos lograrlo, nos invade el hartazgo de lo que realmente somos